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La expansión de China en África ha representado un revulsivo para los países occidentales, que ante dificultades de tipo fundamentalmente político y falta de iniciativas occidentales observamos como países emergentes como China, India, Brasil y otros países asiáticos, están creando unas sólidas bases de desarrollo para sus empresas en el continente.
No hay duda que una vez salvados los principales inconvenientes del continente que han mantenido alejadas a las empresas internacionales en proyectos serios y profundos de inversión directa, como guerras, corrupción, y decisiones irracionales en las finanzas públicas que han sumergido a África en la más absoluta pobreza muy a pesar de sus riquezas en recursos naturales, se abren opciones y nuevas oportunidades de desarrollo y crecimiento.
El exceso de magnificación de las expectativas de un continente con un billón de habitantes no puede implicar opciones de desarrollo empresarial inmediato focalizado en el sector consumo, si se tiene en cuenta que se consideran potenciales consumidores en África a hogares con unos ingresos al menos de 5.000 $ al año. En la actualidad superan este umbral 80 millones de familias en todo el continente.
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